Pedrisco y el éxito

        El pobre Pedrisco pasaba un hambre atroz. Pedrisco es un personaje de la comedia de Tirso de Molina “El condenado por desconfiado” y ejerce la tarea de colaborar con el protagonista, el ermitaño Pablo, que vive en el desierto haciendo penitencia y alimentándose solo de las yerbas del campo que le proporciona precisamente el propio Pedrisco. Embalado Pablo en su camino al cielo (al menos, eso es lo que pretende) solo tiene el deseo de servir a Dios en la confianza de que sin duda conseguirá alcanzar el cielo. Luego, en el transcurso de la acción, las cosas se le torcerán por desconfiado y, en el fondo, egoísta, pero, mientras tanto, Pedrisco, que recibe los sermones de lo bueno que en la vida es ser santo porque te garantizas el cielo, no acaba de convencerse de que ese propósito conlleve necesariamente pasar hambre. ¿Por qué no comer y, al mismo tiempo, hacerse santo? Así las cosas, reza y suplica que el hambre me quitéis / o no sea santo en mi vida. / Y si puede ser, señor, / pues que vuestro inmenso amor / todo lo imposible doma, / que sea santo y que coma / mi Dios, mejor que mejor. Y en esas anda su preocupación, en simultanear la santidad y poder comer, en evitar la aparente contradicción de llevar el camino al cielo, pero, mientras tanto, poder comer algo que no sean solo yerbas. ¿Dónde estáis, jamones míos, / que no os doléis de mi mal?
      El recuerdo de los jamones que antes comía y que ahora, en estas circunstancias, no acuden a resolver a resolver sus problemas, es una referencia paródica de aquellos versos lastimeros de don Quijote cuando le reprocha a su Dulcinea que, estando herido (¿dónde estás, señora mía / que no te duele mi mal?) no acuda a socorrerle.
       El intríngulis está en las garantías. ¿Seguro que, en no comiendo o en hacerlo solo con yerbas, que a la postre viene a ser casi lo mismo, se asegura uno el cielo? ¿Y qué se conseguiría si los jamones acudiesen, como hubiera podido hacer Dulcinea, en auxilio del menesteroso? La garantía y la seguridad de alcanzar el éxito, que tanto preocupa a nuestra civilización cercana, no siempre está a la mano. Al ermitaño le costó la otra vida su desconfianza, pero el éxito los hizo fuertes, fueron capaces porque lo parecían, confirma Virgilio en la Eneida. Aunque para eso, como asegura el entender popular, hay que saber llegar a la hora del fraile. Nunca más apropiado que en este caso, que diría Pedrisco.

Publicado el día 18 de agosto de 2017

Espectáculos especiales

       Estamos a día 8 de octubre de 1559 y Felipe II, a las cinco y media de la mañana, se había presentado ya en la plaza Mayor de Valladolid. Su séquito estaba integrado por toda la más alta nobleza con encomiendas y ricas veneras y joyas y botones de diamante al cuello. La concurrencia era inmensa: autor hay que asegura que pasaban de 200.000 las personas que habían acudido al acto. (En el mayo anterior, en otro trance paralelo, se habían colocado más de doscientos tablados para los curiosos, que llegaron a tomar los asientos desde media noche y pagaron por ellos 12, 13, y hasta 20 reales). La ceremonia siguió la larga liturgia llena de rezos e imprecaciones piadosas con todos los intervinientes reglados: jerarquías civiles y eclesiásticas, clérigos seculares y regulares y demás ayudantes. Y luego vino el tratamiento particular para cada reo: unos, quemados vivos directamente; otros, ajusticiados antes y luego entregados al fuego… Con estos dos autos de fe, asegura Menéndez Pelayo, quedó muerto y extinguido el protestantismo en Valladolid.
         Dando un largo salto en la historia para el propósito de esta reflexión, cabe situarnos en Saná, capital de Yemen, casi antes de ayer. La crónica narra cómo es ejecutado en público… “una multitud observa, jalea y fotografía la condena a muerte en público de un hombre que violó y asesinó a una niña de tres años”: rodeando la zona habilitada para la ejecución en las terrazas cercanas e incluso encaramados a los postes de luz cercanos, los asistentes observaban el macabro espectáculo, que las autoridades llevaban días anunciando. Muchos coreaban “Alá es grande”. La sentencia fue jaleada por cientos de personas — en verdad casi sólo hombres—, que se congregaron para verle morir.
        La salud del alma, en un caso, la del cuerpo en otro. Y en el entretanto, por resumir un poco, la fila de nobles desfilando ante el cadalso en procesión civil. Muchas representaciones como espectáculos públicos de horror y espanto han llenado la historia, pero las que encierran un propósito justiciero guardan una pátina especial. Las autoridades lo justifican por ejemplarizante, tal como Licurgo, cuentan, emborrachaba a los ilotas para que los ciudadanos libres conocieran los perniciosos efectos del alcohol, pero, como dice Borges, en ese velatorio conmueven las menudas sabidurías / que en todo fallecimiento se pierden. Y pierden a la gente en comandita.

Publicado el día 11 de agosto de 2017

La metonimia de Apuleyo

       A Tesalia por negocios se dirigía el personaje del libro de Lucio Apuleyo. Iba con una carta de presentación de su amigo Demeas para que la entregase a Milón, un personaje de relieve y resonancia en la ciudad de su destino, en cuya casa podía albergarse los días de su estancia en la ciudad. No contaba sin embargo con que su anfitrión era famoso por su extrema avaricia y mezquindad, menos aún que la esposa de Milón dedicaba su tiempo a supercherías y actividades de magia. Y lo que ya no podía esperar era que Fotis, criada principal, también estaba entrenada en esos menesteres y que, enamorada locamente del protagonista, le iba a facilitar convertirse en ave mediante la toma de una pócima infalible. Y el final del cuento, que por otra parte es naturalmente el principio, nos cuenta que, por precipitación, Fortis confunde el brebaje y, en lugar de pájaro libre y volador, lo acaba convirtiendo en asno, “El Asno de oro”, en el que Apuleyo va contando todas las aventuras, más bien infortunios y desgracias, que vive un animal con cuerpo de burro y mente de humano. Puro hablar de una cosa y decir otra, pura metonimia.
      Los asuntos públicos, las querellas y las demandas colectivas, dice Jean Bodín, un filósofo del siglo XVI, solo deben fundarse en los poderes absolutos de la gente, pero hablar claro y contarlo todo es desde luego, quizá, el problema que plantea este propósito. Hablar de A para referirse a B exige el cumplimiento de unas ciertas y finas reglas que muchos responsables públicos rehúyen plantear.
       Metonimia es una figura literaria, que, como aquello de Moliere de hablar en prosa sin saberlo, estamos utilizando todos a cada momento. Siempre que designamos algo con el nombre de otra cosa por su relación con ella, hacemos metonimia. Referirse a la vejez por las canas o asegurar que hemos comido un par de platos por su contenido, supone manejar las metonimias. Metonimias a todas horas. Y también, por supuesto, cuando hablamos del país, de cómo están los asuntos públicos. El asno de oro, con la contradicción dialéctica de mente y cuerpo, juega un lenguaje y un discurso de pura paradoja Como ocurre con demasiada frecuencia cuando sabemos A y escuchamos B. La metonimia se ha convertido, probablemente a lo largo de la historia, en la figura literaria más utilizada y el mecanismo de decir lo que es solo en parte. ¡Ay de las metonimias y su utilización deshonesta!

Publicado el día 4 de agosto de 2017

De tramposos y tramposillos

       Volviendo a lo del pensamiento lateral, puede valer este ejemplo para dilucidar cómo la mente humana trata de salvar las situaciones más complicadas de manera que apenas produzcan daño. Es el caso de cinco hombres que van juntos por un camino en el campo cuando comienza a llover. En ese momento cuatro de ellos apuran el paso pero el quinto no hace ningún esfuerzo por darse prisa y, sin embargo, se mantiene seco mientras que los otros cuatro se mojan, llegando juntos a su destino. ¿Cómo pudo ser si para trasladarse sólo contaban con los pies? Otro ejemplo también muy conocido es el del hombre que se ha ahorcado en un granero en el que no hay objeto alguno al que haya podido subirse.
      No se trata en estos casos de poner al lector delante de una situación clásica de problemas más o menos solubles o de juegos de entretenimiento. En esta apostilla se ofrece una reflexión sobre esquemas de conducta que los seres vivos, cada uno a su nivel, han encontrado como medio de subsistencia biológica y síquica. Los sicólogos que han diseñado este tipo de situaciones y otras parecidas tratan de poner delante de nuestra mente la reflexión sobre este uso del pensamiento que utilizamos con más frecuencia de la que a primera vista pudiera parecer y que nos sirve para resolver problemas vitales y existenciales. Es, más o menos, lo que otros teóricos del comportamiento llaman los sesgos, es decir, el uso de soluciones a los problemas a que tenemos que enfrentarnos, mediante maniobras o sistemas no ortodoxos, procedimientos que normalmente serían ignorados por el pensamiento lógico. El sesgo o el pensamiento lateral consisten en apoyarse en modos heterodoxos pero que solventan el problema. O, mejor, simulan que lo resuelven.
       Estos últimos días hemos presenciado actuaciones y procederes públicos en los que protagonistas no han dudado en agarrarse a estas estrategias, no importándoles que se aprecie a simple vista la trampa utilizada. Pero, entre todos, hay una historieta que sobresale por encima: una persona que no está en un sitio porque se lo impide la ley pero, a pesar de ello, sigue estando plenamente en ese sitio. La respuesta a la primera incógnita de arriba es que los cuatro hombres llevaban al quinto, que se encontraba en su ataúd. La de la segunda es que el personaje se había subido a un bloque de hielo que luego se derritió. Y de esta tercera, ¿quién tiene la solución?

Publicado el día 28 de julio de 2017

A propósito de Slavoj Zizek

       Fue Marcel Proust quien dijo aquello de que hay creencias que crean evidencias, es decir, que, cuando uno está convencido de algo hasta la médula, percibe la realidad sólo bajo ese prisma y no hay manera de convencerlo de que hay otras opiniones y otros puntos de vista, otras existencias paralelas. Al fin y al cabo es la antigua distinción orteguiana de ideas y creencias. en la que defendía que las ideas son aquellos conocimientos que uno tiene y creencias, en lo que uno está, en aquellas certidumbres que conforman como nuestra espina dorsal ideológica y definen nuestra vida y la orientación que le damos en el proyecto y en su desarrollo.
     Siempre el ser humano, y los demás seres vivos a su manera, nos hemos sentido necesitados de creencias en las que apoyar nuestra conducta y nuestro modo de hacer y, sobre todo, dar sentido a nuestra existencia. Puede sin embargo que al relato que explica nuestro presente cultural y político le falte hondura y consistencia teórica, de manera que se haya dado un salto metafísico, que diría un filósofo, en el juego convenido de interpretar el mundo. Así se explicarían acontecimientos colectivos imprevistos y casi imprevisibles, que sólo se pueden entender cuando se han alimentado con claves emocionales: apuntalar el brexit, no por los beneficios que proporcionará sino por la distorsión rompedora que supone. Es el tránsito de una creencia hermenéutica o metodológica a una praxis puramente iconoclasta. Fuera de todo propósito transformador.
     Slavoj Zizek, escritor y filósofo esloveno, que ha quebrantado todas las leyes del eclecticismo mezclando en su doctrina a Hegel con, por ejemplo, Taylor Swift, que defiende lo que él llama un socialismo burocrático o que expone su pensamiento en videos del estilo de Guía ideológica para pervertidos, en una multitudinaria conferencia pronunciada en Madrid ha asegurado estar harto de la irresponsabilidad narcisista de Podemos. Zizek, que para unos es el futuro y para los otros el cantamañanas cínico que vive de decir a cada uno lo que quiera aunque sea lo contrario de lo anterior o nadie entienda lo que dice, utiliza a Podemos para enviar un mensaje universal: el Black Mirror ya está aquí y nadie hace nada por controlarlo. Porque los ordenadores son estúpidos, nulos. (Del filósofo cínico Menedemo se decía que venía del infierno a observar a los pecadores para luego contárselo a los demonios).

Publicado el día 14 de julio de 2017

Sobre mudanzas sociales

     Seguro que el lector puede cerrar los ojos un momento e imaginar una playa cualquiera de nuestra tierra (¿Fuengirola, quizá?) llena de mujeres vestidas con el chador u otra prenda hermana y a los hombres barbudos… Todos vestidos a la usanza árabe más estricta como si hubiera llegado alguna de las policías morales que controlan el comportamiento de la gente en algunos de los países árabes o fuerzas del orden que formaran parte del llamado califato del ISIS. En esta última hipótesis, ya no se trataría sólo del vestido, sino que los moralizantes exigirían muchos otros requisitos de comportamiento como completa separación de sexos, modestia en las mujeres, nada de gritos, jolgorio, música… en Fuengirola.
     Valga esta, de momento alegoría (porque muchos son los que piensan que este es un panorama de futuro casi cierto) para plantear una cuestión específica de dibujo de convivencia colectiva con esta pregunta clave: ¿son, o hasta qué punto, irreversibles los cambios sociales?, ¿qué garantías tienen estos reformadores para asegurar que sus conquistas de derechos colectivos van a permanecer en el tiempo?, ¿pueden creer quienes promovieron, por ejemplo, el matrimonio homosexual, que, según se aprecia, se va extendiendo poco a poco por los diferentes países y Estados, que ya es una institución para siempre? Desapareció, a lo largo de la historia, la esclavitud no sólo como modelo de conducta sino, y es lo más importante, también como diseño antropológico y metafísico, arrinconándose toda justificación filosófica, pero, al margen de actuaciones concretas y comportamientos encubiertos, ¿también es definitivo?
       El asunto sin duda es tan complejo que parece una irreverencia plantearlo en un formato tan simple como este, pero, no obstante, no viene mal sacarlo a colación cuando brota espontáneamente en los alegatos públicos. Sirvan un par de referencias actuales. El nuevo cardenal de Barcelona aseguraba que el camino que ha abierto Francisco no puede ir hacia atrás. Conocida es la oposición que dentro de la estructura eclesial está recibiendo el papa por quienes, desde fuera, permiten entrever que no creen ni en sus propios discursos: pero ¿conseguirán destruir los avances promovidos por el Vaticano? La señora Merkel ha cambiado de opinión y ya promueve el matrimonio homosexual: ¿un punto más de consolidación de esta nueva forma de familia? ¿Definitivas las mudanzas sociales?

Publicado el día 30 de junio de 2017